Querido Bruto

Novela sobre la vida de Julio César. Su genio militar solo es una de las facetas del magnífico escritor, orador, político y estadista que enterró la República romana y alumbró el Imperio.

 

“Hoy hemos tenido la escaramuza más peligrosa en estos cinco años de guerra civil. Pensé que había llegado mi hora. Sentí cerca la muerte varias veces, no en los talones sino delante de mis ojos: en el dardo que se clavó en mi escudo, en la espada que pudo atravesarme el pecho y desvió la suerte, en la caída del caballo rodeado de enemigos. No tuve miedo. Estoy demasiado acostumbrado a ver morir a los hombres, a contemplar un campo de batalla sembrado de cadáveres. Sé lo que son cabezas destrozadas, rostros imposibles de reconocer, miembros cercenados. Y me son familiares esos olores repulsivos de los cuerpos que se descomponen. En cambio, me hizo temblar el juicio adverso de la Historia. Me imaginé juzgado sin misericordia por generaciones ignorantes y hostiles. He comprobado demasiadas veces que la opinión pública surge y se alimenta de la mentira, de los innumerables engaños que caben entre los extremos de la parcialidad sutil y la grosera desfiguración”.

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Reseña de Ana Rosa Carazo
Catedrática de Lengua y Literatura

Sobre la conocida personalidad de Julio César, conquistador e historiador de sus propias campañas –Guerra de las Galias y Guerra Civil-, la novela superpone este otro César que intenta, a través de sus cartas a Bruto, entenderse y explicarse a sí mismo su comportamiento como hombre que ama y sufre, que reflexiona sobre la vida y la muerte, sobre la política y la vanidad del poder. César escribe a Bruto porque no quiere ser juzgado por la Historia solamente como general invicto, como historiador frío y lejano que habla de sí mismo en tercera persona, sino como un ser limitado y vulnerable, con las mismas flaquezas y angustias de cualquier mortal. Y su figura adquiere así un nuevo relieve, es iluminada por una luz no usada, gracias a esas cartas que son ficción literaria pero pudieron ser verdaderas: en esto consiste la maestría de un escritor.

Estoy convencida de que este libro, tan apasionante como aleccionador, que tan bien ensambla los hechos verídicos con la ficción verosímil, sólo puede ser producto de la simbiosis perfecta de escritor y profesor. Y esto es José Ramón Ayllón: un brillante escritor que domina las técnicas narrativas desde su condición de maestro de aquello sobre lo que escribe –la literatura, la historia, la filosofía-, y que cumple a las mil maravillas ese difícil arte de “enseñar deleitando”. Estamos ante un autor con una capacidad asombrosa para acercar el mundo clásico a nuestro tiempo y a nuestra mentalidad. De ahí que la lectura de Querido Bruto resulte próxima y atractiva, tanto que se lee de un tirón y aún quedan ganas de seguir. Ésta es la más alta alabanza que se puede hacer de un libro.

La lectura de Querido Bruto es, en fin, como una puerta que se abre para que muchos lectores, jóvenes y adultos, puedan adentrarse en el conocimiento de los clásicos y alcancen a beber en sus veneros inagotables, para que logren aficionarse a eso que en estos tiempos nuestros está desgraciadamente sometido a tantas indecisiones: el estudio serio y razonado de las Humanidades.