

Confesiones de San Agustín
La enorme importancia de este clásico –escrito al filo del año 400– radica en su insuperable análisis del alma humana. Agustín, pionero y genio de la psicología, se adelanta más de mil años a Shakespeare, Freud o Dostoievski, con un dramatismo centrado en la inquietante constatación del pecado y la culpa.
La autenticidad y riqueza de estas páginas, redactadas con poderoso estilo a los 43 años, despiertan la admiración de personalidades tan distintas como Petrarca y Santa Teresa, Pascal y Montaigne, Kierkegaard y Simone Weil. El libro muestra que el gran deseo de su autor -común a muchos filósofos de la antigüedad- es alcanzar la verdad y la felicidad. Una búsqueda premiada con el más importante de los descubrimientos: que la verdad sobre Dios y sobre el hombre es Cristo. Y que en Él se encuentra también la felicidad.