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¿Qué descubre el lector al abrir este pequeño libro?

Algo verdaderamente grande: La España y la Europa que conoció el Cid, en el corazón de la Edad Media. También encontrará una joya literaria: el extenso Poema que ha convertido a Rodrigo Díaz de Vivar en uno de los españoles más universales.

¿Qué cabe destacar en la España y en la Europa del Cid?

Estamos en la segunda mitad del siglo XI. Lo más notable de esa España es la pugna interminable entre moros y cristianos, en realidad una guerra de todos contra todos, pues se disputan el territorio peninsular cinco reinos cristianos y quince musulmanes. 

Lo más visible, tanto en España como en Europa, es la invención del estilo románico, que salpica medio continente europeo de ermitas, iglesias, abadías y catedrales. También llama la atención el flujo incesante de peregrinos a Compostela, que convierte el Camino de Santiago, durante siglos, en un extraordinario motor religioso, cultural, social y económico.

Pues nos han contado que era una época oscura y salvaje…

La mal llamada Edad Media –puesto que todas las edades han sido medias-se conoce a sí misma como Cristiandad, y es sumamente larga, extensa y complicada. La caída del Imperio romano dejó paso al turbulento asentamiento de los conquistadores germanos, pero también al terror sarraceno provocado por la expansión del Islam, y al saqueo y devastación incesante de los vikingos. Fueron tiempos oscuros, es verdad. Pero la balanza se inclinó a favor de la Cristiandad a partir del siglo XI, cuando los cristianos de Europa suprimieron la esclavitud antigua, conservaron y transmitieron en los monasterios la incomparable cultura de Grecia y Roma, levantaron el Románico y el Gótico, inventaron el gregoriano y la música de cámara, fundaron las primeras universidades. Esos siglos, realmente luminosos, protagonizaron un Renacimiento muy anterior al del siglo XV. 

¿Hemos mitificado al Cid?

Es muy difícil mitificar a un guerrero que combate durante cuarenta años sin sufrir una derrota. Y ese dato lo corroboran los cronistas musulmanes. Sin embargo, la fascinación que ejerce el Cid ha provocado tres distorsiones en su retrato verdadero: la invención literaria del Poema y del romancero; la identificación del Cid con el actor Charlton Heston; y las conjeturas que intentan rellenar lo que no sabemos. Así, aunque no responden a la verdad histórica, forman parte de la imagen popular del Cid la jura en Santa Gadea, las bodas de sus hijas con los infantes de Carrión, y las arcas que engañan a los prestamistas judíos. 

¿Qué sabemos con certeza sobre Rodrigo Díaz de Vivar?

Conocemos su ascendencia burgalesa y sus raíces familiares, y podemos seguir su trayectoria año tras año, desde su adolescencia hasta su muerte. Nos consta su estrecha relación con los reyes Sancho II y Alfonso VI, así como su matrimonio con Jimena Díaz y sus tres hijos. Después vino el destierro, el servicio a los reyes musulmanes de Zaragoza, las tres victorias sobre los almorávides, el sometimiento del Levante musulmán y la rendición de Valencia. 

Si nos preguntamos por el carácter y las cualidades del Campeador, hemos de admitir que el retrato realizado por el desconocido autor del Cantar coincide con la semblanza de los cronistas cristianos y musulmanes. Todos subrayan la autoridad natural de este señor de la guerra, el miedo que infundía a sus enemigos, el equilibrio y la mesura que sustituye la venganza por la legalidad, que suaviza la dura ley de la conquista por una benignidad alabada por los vencidos. Completan su extraordinaria personalidad rasgos como el amor a su esposa, la lealtad al monarca castellano y una sincera religiosidad.