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¿No es redundante y aburrido escribir un libro sobre libros? 

Puede parecerlo, pero es apasionante cuando hablas de los mejores escritores –de Homero a Borges- y de 60 joyas que deslumbran por su amenidad, su riqueza y su estilo. 

¿Por qué ‘cuanto antes’? ¿A qué viene tanta prisa? 

Porque la situación actual es de emergencia cultural. El Homo sapiens está involucionando hacia el mono con pantalones. 

Así que su libro es una aventura quijotesca contra la ignorancia… 

Puede verse así, pero también responde a una pregunta que me han formulado muchos alumnos y amigos: ¿Qué debería leer para ser una persona culta, para amueblar la cabeza, para educar la sensibilidad? 

Veo que reparte juego: incluye novelas y ensayos, poesía y teatro, biografías y libros de historia… ¿Qué es para usted la literatura? 

Si es muy buena, un camino hacia la verdad y la belleza. Con eso está dicho casi todo. Las biografías y autobiografías me interesan especialmente porque matan tres pájaros de un tiro: enseñan historia, proponen modelos y pueden estar muy bien escritas. 

¿Ese camino hacia la verdad y la belleza lo ha recorrido usted con los 60 libros que analiza? 

Sin duda. Por eso me siento agradecido y hablo de ellos con entusiasmo, tanto si son ‘top ten’ como si son poco o nada conocidos. Es verdad que Homero y Shakespeare, Cervantes y Dickens, Dostoievski y Tolstoi son de otra galaxia, pero Natalia Ginzburg y Christian Bobin, Antonio Machado y Marisa Madieri, Orwell, Viktor Frankl y todos los demás forman una selección incomparable. 

¿Tiene escritoras favoritas? 

Al menos, tres. Las cartas de Etty Hillesum a sus amigos del campo de concentración de Westerbork me descubrieron a una chica excepcional. Cuando las italianas Natalia Ginzburg y Marisa Madieri cuentan su vida en ‘Las pequeñas virtudes’ y ‘Verde agua’, la impresión fue también imborrable. 

¿Por qué Delibes y no Cela? 

A Delibes le conocí en Valladolid, aunque yo era un joven profesor cuando él se apagaba. Creo que es el mejor novelista español del siglo XX. Tiene una novela deliciosa, que me parece muy recomendable en estos tiempos, y que Cela nunca hubiera escrito: Señora de rojo sobre fondo gris. 

¿Y Cunqueiro? No me dirá que le conoció en Vigo… 

¡No tuve esa fortuna! Cunqueiro es un genio, como Valle-Inclán. Es pura y festiva literatura, con un sentido del humor entre cervantino y gallego, que pasa en el mismo párrafo de los dioses griegos a la Guardia Civil. Para descubrirse ante él basta una sola página de Sinbad, Ulises o Merlín. 

¿Entre Borges y Antonio Machado? 

Empate técnico. Sus grandes temas –el amor, la nostalgia, la belleza, la patria- son universales. 

¿No detecta cierta obsesión mediática por recomendar libros? 

Sí. Un empeño parecido al que quiere vendernos móviles, zapatillas o vaqueros, por ejemplo. La gran diferencia, a mi juicio, es que al terminar un libro muy bueno ya no eres el mismo. 

¿Cuándo se ha de abandonar la lectura de un libro? ¿Practica eso de “libro que no has de leer, déjalo correr”? 

Si es de estudio obligado, no hay opción. Con los demás, suelo abandonar a las pocas páginas el libro que no me gusta mucho. Por eso prefiero títulos consolidados y soy muy perezoso con las novedades.

¿Algún consejo a nuestros lectores? 

Con mucho gusto. Menos Facebook y más the face on the book.